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Oaxaca fue la parada con más ambiente de mi viaje

Oaxaca fue la parada con más ambiente de mi viaje

Llegué a Oaxaca después de varios días intensos por México con la idea de descansar. Sin embargo, la primera noche ya quería quedarme más tiempo. La música, los aromas de la comida y las fachadas coloridas aparecían con solo salir a la calle.

Una ciudad para perderse

Por la mañana salí sin mapa por el centro histórico. Caminé entre casas ocres, azules y de color terracota, y patios llenos de plantas. Frente a la iglesia de Santo Domingo me quedé observando cómo despertaba la ciudad. Hasta tomar un café en un pequeño patio se convirtió en un plan perfecto.

El mercado que cambió mis planes para comer

En el mercado 20 de Noviembre encontré pan, chocolate, especias y chiles secos. Probé una tlayuda enorme y crujiente con frijoles, queso y carne. Después llegó el mole, una salsa compleja que mezcla notas especiadas, dulces y amargas. Terminé con una taza de chocolate caliente y seguí recorriendo los puestos.

Una tarde más memorable que los monumentos

Al atardecer regresé al centro. Los músicos tocaban y las familias llenaban la plaza. Pasó una pequeña procesión festiva y entendí por qué Oaxaca tiene tanta personalidad. Sus tradiciones siguen vivas en los mercados, talleres y calles.

Me fui con la sensación de haber visto muy poco. Lo que más me gustó no fue un monumento, sino el ritmo de un día cualquiera en Oaxaca.

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